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En el campo de la prevención del consumo de sustancias psicoactivas partimos de una idea básica: no sólo es importante qué se consume sino también como y para qué. No sólo se debe plantear el problema en términos de la peligrosidad de la sustancia, sus efectos y su potencial impacto negativo sobre la salud. Sino también -y especialmente- se debe enfocar el vínculo que establece la persona con la sustancia, el marco de la relaciones interpersonales de quien consume y el sentido que tal consumo adquiere en un determinado contexto social.
El vínculo que la persona establece con las sustancias y el sentido que le asigna al consumo, están constituidos en un marco cultural y social y no se lo puede comprender fuera de él.
En lo específicamente relacionado con la ciudad de Sastre, el problema de la emergencia en los últimos tiempos del consumo de marihuana -una droga considerada ilegal-, no debe ocultar el consumo de otro tipo de sustancias, definidas por la SEDRONAR (1) como drogas sociales, como el alcohol o el tabaco y drogas legales, como los medicamentos, especialmente los psicofármacos (sedantes, estimulantes) de uso habitual.
Esto nos lleva a incluir en la problemática un factor de gran importancia como lo es el fenómeno de la tolerancia social, definida por el investigador Hugo Miguez como "Patrones de comportamiento que implican indulgencia hacia hábitos de abuso de sustancias en el entendido que constituyen una forma general de ser y no justifican, por lo tanto, una actitud de censura severa o significativa" (2).
Por lo tanto, una acción preventiva debe enfocarse sobre la trama de relaciones sociales, tomando en cuenta la cultura y el sentido que en ella adquiere el consumo de sustancias y la tolerancia social que hace visibles determinados consumos considerados peligrosos, mientras no permite ver con claridad otros también nocivos pero "naturalizados" en la prácticas cotidianas.
(1) Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico - Presidencia de la Nación.
(2) Idem.
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Nuestra permanencia en la ciudad y el trabajo realizado en los talleres, mas el contacto personal con jóvenes, familias y autoridades, nos permite establecer una primer impresión sobre la problemática.
El consumo del alcohol es uno de los mas arraigados entre los jóvenes, y el mas tolerado e incluso avalado socialmente. Es considerado como parte casi inevitable del proceso de pasaje de la adolescencia a la juventud, y en muchos casos valorado como elemento que permite la aceptación en determinados contextos.
Uno de los problemas importantes que plantea el consumo de alcohol es que forma parte de la cultura local, se ha transformado en un modo de relación que mediatiza el encuentro con los demás. Esto es muy claro de observar especialmente en la salidas y actividades de fin de semana de los jóvenes. Un dato nuevo comparado con algunos años atrás, es que las mujeres adolescentes y jóvenes abusan del alcohol en grado creciente y en modalidades cercanas a las que se observan en los varones.
La aparición de la marihuana como droga de consumo de los jóvenes, se inserta en el marco de las mismas prácticas sociales y vinculares que sostienen el consumo de alcohol, aunque sin el fenómeno de tolerancia que se da en aquel.. Pero implica, a nuestro juicio, un cambio cualitativo en la vida de los adolescentes: entre las personas que consumen y sus amigos que por temor, dudas o desconocimiento no pueden denunciar la situación, se generan códigos cada vez mas cerrados que obstaculizan el acceso al diálogo y a la intervención por parte de los adultos. Esta brecha de comunicación, dificulta enormemente la comprensión de la problemática desde la mirada de los jóvenes, desde sus necesidades y sus vivencias. Y, por lo tanto, la posibilidad de articular respuestas pertinentes que los incluyan como protagonistas.
El otro problema que plantea el consumo de marihuana, agravado por su asociación con el alcohol, es que mas allá de su potencialidad adictiva, la experiencia demuestra que es el punto de pasaje al consumo de sustancias mas nocivas y adictivas como la cocaína, la pasta base, el crack, etc. Es cierto que este pasaje no es mecánico ni tampoco inevitable: requiere determinadas condiciones sociales que lo posibiliten. Nuestra actividad preventiva debe estar orientada a crear condiciones que favorezcan el mejoramiento de la calidad de vida de los jóvenes y sus familias.
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Actualmente todas las sociedades modernas deben enfrentar esta problemática. Y en ese aspecto nuestro país y nuestra ciudad no son la excepción. Las drogas constituyen un factor de riesgo cada vez más importante, que involucra a todos mas allá de los sectores sociales a los que pertenezcan.
Sin embargo no solo el consumo de drogas es un factor de riesgo: en la actualidad los jóvenes de Sastre se ven en la alternativa de emigrar hacia las ciudades mas importantes en busca de trabajo o de acceder a estudios terciarios y universitarios, o bien quedarse en su ciudad, tal vez con menores posibilidades de desarrollo de sus expectativas y proyectos.
Aquellos que tienen la posibilidad de emigrar, deben enfrentarse cotidianamente, en este camino, a muchas otras situaciones de riesgo ligadas a la violencia, a una sexualidad marcada por el HIV/SIDA, a la falta de trabajo, al deterioro de sus condiciones de subsistencia, a la posible frustración de sus aspiraciones. Deben insertarse, en definitiva, en una realidad que muchas veces es desconocida, hostil y agresiva.
Por otra parte, aquellos que por diferentes motivos se quedan en Sastre, deben afrontar la falta de proyectos personales, las dificultades para acceder a un trabajo, o la imposibilidad para realizar sus inquietudes personales, artísticas, culturales, intelectuales, lo cual genera una sensación de presente continuo, con una gran carga de frustración y exclusión.
Por esta razón, partiendo de la situación de consumo pero tomando en cuenta esta problemática más amplia, como lo son las variadas situaciones de riesgo y desprotección en que se encuentran muchos adolescentes y jóvenes, las acciones preventivas deben apuntar a fortalecer las instancias institucionales y personales de contención y referencia para los jóvenes que hoy están funcionando, y a crear otras nuevas si fuese necesario.
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Actores sociales involucrados y recursos de la Comunidad |
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Hemos abordado las tareas de prevención considerando tres actores básicos como punto de partida: la familia, los docentes y los jóvenes.
Los Docentes tienen un contacto directo con los jóvenes y sus problemáticas, tanto desde el vínculo que establecen a partir de su tarea educativa, como desde el lugar de contención y acompañamiento que cumplen dadas la cantidad de horas que comparten con los jóvenes. Esto les otorga mas posibilidades de diálogo especialmente sobre temas que, muchas veces, no se tratan en la familia. Además, son observadores privilegiados de las actividades y relaciones que establecen los jóvenes en el ámbito de convivencia que ofrece el colegio.
Sin embargo, este contacto cercano con los jóvenes, con sus problemáticas, con sus dificultades, con sus expectativas y proyectos, muchas veces los desbordan o exceden sus posibilidades de actuar. Ocurre que en esa cercanía, se pierde la distancia necesaria para poder canalizar de manera activa y transformadora la información que disponen sobre la conflictiva de los jóvenes.
Por otra parte la Familia debe enfrentar las dificultades que plantean sus hijos adolescentes con las problemáticas de comunicación, las diferencias generacionales y los conflictos habituales de esta edad. En muchos casos, los jóvenes no pueden hablar con sus padres sobre las dificultades que enfrentan, ya que los códigos que manejan son absolutamente divergentes. Por esta razón, la familia tiene un conocimiento muchas veces fragmentado de las situaciones por las que atraviesa su hijo, información a la que acceden sólo cuando se da algún conflicto de importancia que lo involucra.
En ese momento queda claro que ambas instituciones, la familia y la escuela, tienen serias fracturas en su relación debido a los diferentes puntos de vista que tienen respecto de los jóvenes, producto de las distintas modalidades de relación que establecen. Muchas veces estas diferencias conllevan situaciones de enfrentamiento, y malentendidos que van en contra de la posibilidad de actuar ambos en un mismo sentido en lo que hace a los límites, las condiciones de aprendizaje, los niveles de exigencia, etc..
La emergencia del fenómeno del consumo de drogas, agrega a estas cuestiones una cuota de complejidad: al ser un tema que recién comienza a tener una presencia real en la ciudad, ante el cual ni padres ni docentes se enfrentaron antes, genera una enorme carga de angustia que lleva a momentos de parálisis e incertidumbre, o bien asusta y tiende a generar mecanismos de defensa por los cuales se buscan culpables en el afuera, sean individuos o instituciones, o se acrecientan las actitudes de control.
En este marco, los Jóvenes se colocan a la defensiva, generando sus propios códigos de relación, cada vez mas cerrados y con mayor distancia con el mundo adulto. A la vez que navegan en las contradicciones existentes entre las instituciones y la familia, transitan situaciones de riesgo potenciales o reales sin posibilidad de tener referencias claras a las cuales remitirse.
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En vistas de este primer diagnóstico, creemos que una tarea preventiva debe contener las siguientes líneas básicas de acción:
- Información: se debe brindar a padres, docentes y jóvenes la información necesaria a cerca del consumo de sustancias psicoactivas, de tal manera que puedan formarse una opinión propia y compartida del problema.
- Formación: se hace necesario capacitar recursos humanos que estén debidamente instrumentados tanto para comprender la problemática según las particularidades que asume en la ciudad de Sastre, como para desarrollar líneas de acción preventivas en todos los ámbitos de la vida social.
- Asistencia: debe constituirse un espacio de consultas y asistencia para familias y personas cuya situación en relación al consumo de sustancias psicoactivas lo requieran. El espacio de consulta debe estar articulado con centros especializados que brinden servicios de internación en caso de ser necesario.
La metodología a emplear para el desarrollo de estas líneas de trabajo es la modalidad de talleres y charlas. Cada taller tiene una duración de tres horas y sus objetivos apuntan tanto a la información como a la capacitación de recursos humanos en diferentes niveles. Las charlas serán abiertas al público en general o dirigidas a grupos específicos, según lo requieran las circunstancias. Tienen una duración de dos horas.
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- Talleres para Docentes: Se privilegia la línea de trabajo de capacitación de recursos humanos, por ser quienes se encuentran en relación directa con actividades institucionales de los jóvenes, e instrumentados previamente debido a su formación como docentes en el manejo de grupos y en las problemáticas ligadas al aprendizaje.
- Talleres para Padres: En una primera etapa se privilegia la línea de la información relativa al consumo de sustancias, problemáticas familiares y modalidades de abordaje preventivo.
- Talleres y Charlas para Jóvenes: Se apunta a generar espacios de encuentro y diálogo de acuerdo a las necesidades y expectativas que propongan los jóvenes. En estos espacios se trabajará tanto en lo informativo como en la formación de los jóvenes como recursos clave en la acción preventiva.
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Período de Aplicación del Programa |
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El programa se desarrollará durante tres meses. Cada quince días se realizan las siguientes actividades: un taller para padres, dos talleres para docentes, seis horas para consultas y asistencia, un espacio de taller o charla para trabajar con los jóvenes según sus necesidades y propuestas.
Todas las actividades son llevadas a cabo por personas especializadas en el manejo de grupos y en la problemática de adicciones.
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